En caída libre

Identidad digital y nuevas formas de mirar

Por Daniel Verín

“Al entrar el sistema de aparatos en representación del hombre,
la autoenajenación humana ha sido aprovechada de una manera extremadamente productiva.”

Walter Benjamin

La expansión del sistema capitalista requiere, en las sociedades globalizadas, la radicalización de la capacidad de desplazamiento de los sujetos. Así, la movilidad de los cuerpos se pone al servicio de las necesidades del capital desterritorializado. Por este motivo, la globalización no cesa de producir nuevas temporalidades y espacialidades así como nuevas subjetividades. El inmenso poder alcanzado por las industrias de la producción de imágenes en las sociedades del capitalismo cultural se corresponde a la tremenda influencia que el imaginario público, distribuido en redes de información, ha adquirido sobre la construcción de subjetividades (Brea, 2007).

En caída libre tiene la pretensión de ahondar, no sin cierta crueldad, en uno de los fondos más oscuros en los que se desenvuelve la humanidad contemporánea: la experiencia individual y colectiva que emerge de la relación que nosotrxs, en tanto que usuarixs, tenemos con la técnica contemporánea a través de las llamadas tecnologías de la información y de la comunicación (TICs). 

Cristopher Baker, Hello World, 2009. https://vimeo.com/1553583

Alimentada por fragmentos de miles de diarios personales grabados en vídeo y colgados en internet. El proyecto de Baker, Hello World medita sobre la compleja situación actual de los medios de comunicación participativos y sobre el deseo humano de ser oído. Cada uno de los 5.000 vídeos de esta instalación es sobre un individuo que habla desde un espacio privado (habitación, baño, cocina…) a una audiencia desconocida, que puede ser potencialmente masiva. La instalación explora, por un lado, las maneras en que los que hablan se representan a sí mismos y, por otro lado, el modo en que el público navega por la instalación, donde el sonido multicanal le permite escuchar a los testimonios individuales o sumergirse en la cacofonía general.

“Comerciantes de datos: tu información más personal podría estar siendo subastada ahora mismo.”

Joana Moll

Por otro lado, en su último proyecto, The Dating Brokers, la artista e investigadora Joana Moll desvela cómo las empresas recolectan, cuantifican y comercializan nuestros datos a partir de perfiles reales en aplicaciones de citas.

“La retórica de la nube, en mi opinión, borra fricciones y reduce un sistema increíblemente complejo a todos los niveles a algo que la gente puede entender sin cuestionarlo.”

La artista, en mayo de 2017 adquirió un millón de perfiles personales de aplicaciones de citas por 136 dólares. Tirando del hilo, descubrió que la información provenía de webs como Tinder, Match y OkCupid. E incluía datos tan sensibles como nombres de usuario, correos electrónicos, nacionalidad, género, edad, orientación sexual, intereses, profesión y cinco millones de fotografías. Con el objetivo de exponer estas prácticas y mostrar cómo se mercadea con nuestras vidas en internet.

The Dating Brookers, Joana Moll, 2017.

Y es que, al enfocarse en la relación que muchos de nosotros en cualquier parte del mundo conectado tenemos con las nuevas tecnologías, el alcance de esto se vuelve no sólo global, sino quizá sin preverlo, político. Pues lo que esta exposicion despliega no es una subjetividad entre otras, como pueden serlo las figuras del héroe, del anti-héroe o la chica en peligro, sino figuras gestuales individuales y colectivas que conforman una alegoría de la experiencia común de nuestro tiempo: una forma subjetiva tecnificada, afectiva, pero también plástica y gestual, es decir estética, o mejor dicho: tecno-estética.

En el caso de Amalia Ulman usó sus perfiles de redes sociales para presentar una actuación guionada de cinco meses inspirada en una cultura de cambio de imagen extrema. El 19 de abril de 2014, Amalia Ulman subió una imagen a su cuenta de Instagram de las palabras “Parte I” en letras negras sobre un fondo blanco. La leyenda decía, crípticamente, “Excelencias y perfecciones“. Recibió veintiocho “me gusta”. Como parte de este proyecto, Ulman sufrió un cambio de imagen extremo, semificcionalizado.

Por medio de sus diversos modos de conexión, de comunicación y de expresión impulsados por las nuevas tecnologías, estas masas ejercen una fuerza ubicua que tiende a aplastar emocionalmente a los individuxs anónimxs y paradójicamente solitarixs que componen dichas masas.
Cuerpo sin rostro fijo que se auto-afecta, sin necesidad de líderes abyectxs, por exceso de comunicación, por puro espejeo sentimental y afectivo entre sus miembrxs a través de la mediación de las pantallas.

The Catalogue, Chris Oakley, 2004. https://vimeo.com/27574822

En The Catalog de Chris Oakley se presenta el escenario de un mundo perfecto de consumo, donde un sistema de videovigilancia para el interior de un departamento en el que los individuos, con sus datos, se convierten en identidades de entidades que se pueden rastrear y transparentes gracias a sus datos personales. Las personas siguen el seguimiento de multitudes y reciben etiquetas de datos y su información general sobre ellos mismos. La identidad de cada individuo se reduce al análisis y predicción de sus hábitos de consumo.
La mera seducción de la mercancía no es lo propio de nuestros días, sino el chantaje sentimental que ejercemos tecnológicamente, y aun sin quererlo, unos frente a los otros. 

The Zoom Pavillion, Rafael Lozano-Hemmer y Krzysztof Wodiczko, 2015.

Una instalación audiovisual panóptica que cuenta con 12 cámaras de vigilancia computarizadas entrenadas para el público. La pieza utiliza algoritmos de reconocimiento facial para detectar visitantes y registrar sus relaciones espaciales dentro del espacio de exposición. Se muestra un archivo de grabaciones en vivo para evidenciar los mecanismos de recolección de datos en uso. La instalación se encuentra en un estado fluido de movimiento de la cámara, enfocándose constantemente en diferentes grupos de personas. Zoom Pavilion busca no identificar individuos, sino monitorear y capturar su ensamblaje; la proximidad puede considerarse sospechosa, ya que permite una comunicación potencialmente peligrosa.

Vivimos en un estado de cosas en el que somos obligadxs a correr electrónicamente, pues los otros nos marcan el paso, como en una muchedumbre que corre despavorida a todas partes y en la que nos golpeamos y somos golpeadxs para no llegar a ningún lado. El único descanso posible es efímero: un respiro en un claro de muchedumbre antes de volver a tomar el dispositivo. Tal universo no remite a la seducción de un mundo absolutamente otro, paradisíaco y kitsch cantado por las sirenas de la mercancía, sino al tedio de este mundo mantenido por nuestra actividad misma. Ya no somos espectadorxs engañadxs, sino usuarixs agotadxs. 

El otro de ellos y el yo, Juan David Galindo, 2018.

Documentando toda la publicidad que le ofrece Facebook y Google David narra a modo de autorretrato, ha creado un archivo que le permite rastrear el modo por el cual el algoritmo de las redes sociales categoriza y cristaliza mi personalidad. El Otro de Ellos y el Yo, es un archivo en que categoriza y organiza la colección de la publicidad. Busca crear un mecanismo de visualización del archivo que problematice la construcción de la identidad del sujeto post-internet, que es atravesada por los medios de comunicación, los sistemas de vigilancia y el marketing.

Explora la autodelación y la alienación: La actividad del sujeto en las redes sociales —que según las teorías del internet 3.0 es un “trabajo”— convierte su identidad virtual, sus preferencias personales y su comportamiento online en un producto comercial. Con las tecnologías móviles, las computadoras y las pantallas, los medios de vigilancia se han fusionado con los medios de comunicación. Ya no solo se documenta nuestra información, si no que se nos devuelve un reflejo de nuestra propia imagen, un reflejo que empieza a mediar nuestra propia identidad y existencia.

LOVEINT, Lauren McCarthy, 2014.

LOVEINT. Durante una semana, cortaron toda comunicación entre nosotros. Nuestra única conexión era un Dropcam publicado en un feed en directo accesible al otro. Cada vez que veíamos el feed, también se capturaba el video de nuestra propia cara, lo que nos implicaba en nuestra observación.

Una colaboración con Kyle McDonald y Lauren McCarthy.
Es un otro ejemplo, de cómo los artistas incorporan los medios digitales contemporáneos en su trabajo y hacen preguntas incómodas sobre nuestra relación con el mundo virtual.


Lo que ahora se vuelve mercancía no es la conciencia sino el cuerpo mismo, no ya bajo la forma clásica de fuerza de trabajo, sino en tanto que cuerpo auto-diseñado. Es el diseño de nosotros mismos lo que entra no sólo al mercado en tanto que esfera particular de la sociedad, sino de manera más general al intercambio afectivo y libidinal de la TICs que nutre tanto al mercado como a nuestros deseos sociales, políticos, éticos y estéticos. 
Y es este punto en el que se puede reconocer que quizá sea más apropiado hablar de gesto que de cuerpo, porque lo que supone tal intercambio en las imágenes, mensajes y sonidos no son tanto las entrañas de cada uno sino el trazo que dejan en una superficie digital, los movimientos, posturas y decisiones de nuestro cuerpo. 

Para Steyerl, participar de las imágenes no significa, necesariamente,
identificarse con ellas como representación de la realidad, sino reconocerlas como fragmentos de la realidad, acceder a ellas en tanto cosas, objetos y a la vez sujetos de la historia, cristalizaciones y nodos que condensan relaciones sociales.

“A medida que el pueblo es cada vez más un fabricante de imágenes – y no el sujeto o el objeto de la mismas – quizá también sea cada vez más
consciente de que puede tener lugar en la producción colectiva de una
imagen y no siendo representado en una. Cualquier imagen es un terreno común para la acción y la pasión, una zona de tráfico entre las cosas y las intensidades.”

(Steyerl 2014, Condenados a la pantalla, p.181)

En tanto que el gesto no es el cuerpo en concreto, sino el testimonio superficial y trazo casi-vivo de sus movimientos y repulsiones, es la cuestión gestual lo que daría cuenta con más precisión este estatuto del diseño de sí como mercancía y post-mercancía de la industria de las TICs (si hacemos caso a Groys de que el diseño de sí implica algo más que su pura mercantilización). 

Por supuesto, como en los viejos tiempos, siguen habiendo beneficiarixs de la situación, pero bajo el aspecto de la tecnología contemporánea lo son de manera relativa: también ellxs tienen que dar signos electrónicos de vida, también ellos, incluso si están agotadxs, están obligadxs a dar su mejor cara electrónica, que ya desde hace un tiempo suele ser más importante que la real.


Bibliografia:

Agamben, G. (2001). Glosas Marginales a los Comentarios sobre la Sociedad del espectáculo. Medios sin fin. Notas sobre la política. Valencia: Pre-textos.

Benjamin, W. (2008). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Obras, libro 1. Vol. 2, Ed. Rolf Tiedemann y Hermann Schweppenhäsuser. Madrid, Abada, pp. 51-85.

Crary, J. (2015).  24/7: El capitalismo al asalto del sueño. Barcelona: Ariel.

Groys, B. (2014). La obligación del diseño de sí. Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea. Buenos Aires: Caja Negra, pp. 21-35

Marcuse. H. (1986). El final de la Utopía. Barcelona: Planeta-De Agostini.

Orwell, G. Nineteen Eighty-Four 9 (198). Londres: Secker & War

Castells, Manuel. 2002. La Era de la Información: la sociedad red. México D.F.: Siglo XXI.

Steyerl, Hito. (2014). Los condenados de la pantalla. Buenos Aires: Caja Negra.

Jeremias, Bentham. (1989) El ojo del poder. Michel Focault. Betham en España. El Panóptico. Ediciones de la Piqueta, Madrid.

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