ENREDOS SOCIALES

La representación de la identidad mediante el usuario virtual

Aitana Gilabert Gil

Cada persona concibe la vida y el conocimiento de forma única: retenemos y olvidamos selectivamente. La construcción de cada realidad se lleva a cabo a partir de la mente subjetiva, la cual define y determina nuestra producción de verdad. En un mundo de sociedades y de entendimiento humano existen infinitas visiones sobre lo real, sin embargo, dentro del marco inmenso de diferencias, prevalecen ideas que son compartidas y adquiridas por muchísimas personas. Yace un peligro en la fragilidad de estas piezas en común, pues su poder universalizador puede llegar a condicionar de forma absoluta el puzzle hasta el punto de dejar atrás la posibilidad o la importancia de la alternativa.

¿Somos conscientes de qué piezas determinan nuestra identidad?
¿
Somos conscientes de por qué esas piezas permanecen?
¿
Somos conscientes de cómo nos mostramos?
¿
Somos conscientes de lo que pensamos?

Tal como decía Sartre, “nos reconocemos en la mirada de los demás”. Como seres sociales, la forma de mirarse a uno mismo está profundamente arraigada a la manera en que uno es visto. Al cambiar, se transforma la manera en que otros te miran, y como ésta se relaciona con la forma en que se ven a ellos mismos, su propio reconocimiento también cambia. En otras palabras, estamos sugestionados a cambiar la perspectiva sobre nuestra identidad en función del comportamiento de los demás.

“Esferados”
Jesús Curiá, 2017

Para facilitar el entendimiento del concepto, observemos “Esferados”, una de las obras más célebres del artista Jesús Curiá. A través de la unión esférica y dinámica de pequeñas personitas de bronce, Curiá logra metaforizar de forma existencialista las relaciones sociales: la construcción de la identidad pasa por guiarnos a nosotros mismos y por guiar a otros.

Pero ahora, dejando atrás el ser social, pensemos en la propia individualidad, en la complicidad entre el yo y su reflejo. Pensemos en el diálogo interno de “Attraction”: ¿Quién soy? ¿Qué no soy? ¿Qué es lo que guía mi identidad? ¿En qué me puedo convertir? La identidad, al igual que la realidad, se puede entender como un proceso creativo, como un viaje construido a través del tiempo interno, a través de la experiencia. No obstante, el hecho de vivir en un mundo tan globalizado y dominado por la tecnología, hace que prolifere la expansión del concepto de identidad y relaciones sociales. Hoy, las redes sociales son la esfera de conexiones entre identidades, y esas mismas identidades –o esencias que nos diferencian de otros seres- son representadas a través del poder desmesurado de las imágenes.

Hablemos del poder de la cámara. En la actualidad, esta herramienta es concebida como un objeto capaz de congelar momentos de nuestro transcurso de la vida hacia la muerte. La fotografía para el tiempo, inmortaliza el recuerdo y lo convierte en algo indestructible y capturado
para siempre. Trasladando esta “virtud” al campo de la identidad, comprobamos que las imágenes no solo muestran un espacio-tiempo atrapado sino que exponen mucha información sobre la forma de ser del ente activador y del fotografiado. En el momento del “click” ya estamos compartiendo nuestras propias críticas y decisiones sobre las imágenes: transgreden la intimidad, hacen pública la mirada privada. Mi pregunta es la siguiente: si la fotografía se usa (y sirve) para registrar los rasgos y la esencia de las personas, ¿significa que somos capaces de definir nuestra identidad solo mediante imágenes?

“Fragmenta”
Micaela Lattanzio, 2015

Imaginémonos como nos piensa Micaela Lattanzio en“Fragmenta”: si juntáramos todas nuestras fotografías, ¿sería posible averiguar nuestra propia identidad?

La respuesta parece encontrarse siempre en las redes sociales, las cuales corroboran afirmativamente la cuestión. En la actualidad, las relaciones sociales y de identidad son concebidas de manera intrínseca a la actividad en las redes. Mediante el perfil virtual, las personas usuarias tienen la oportunidad de caracterizarse y de hacerse “ver” y entender al mundo. La pantalla se convierte en un espejo translúcido, en una ventana de interacción no-corpórea entre personas (“The Illuminati”, Evan Banden).

Inevitablemente y en su sentido más negativo, las redes sociales son sostenidas a partir de una economía de la atención, un sistema de “transacciones” en el que todo usuario compite por capturar tu atención. En este mundo artificial, nosotros somos el producto analizado y dotado de valor; hablamos de imágenes perdidas en un constante narcisismo dirigido. El sentido de la identidad cambia: lo que mostramos es precisamente lo que determina cómo queremos representarnos.

¿Hasta qué punto queremos ser representados de esta manera?
¿Y por qué?

Por influencia directa de las normas de juego, cedemos nuestra propia visión en manos de la opinión pública hasta el punto de convertirse en obsesión, en una adicción que parte del intento por definirse y acaba culminando con el deterioro de nuestra salud y percepción mental. La permanencia y el uso abusivo de las imágenes como medio de expresión acaban por brindar su propia relevancia y existencia por encima de la verdadera identidad.

Según la especialista en redes sociales Bailey Parnell, está demostrado que existen tres factores perjudiciales a nivel mental desencadenados a partir del mal uso de las redes: la ansiedad, la depresión y el estrés. En su conferencia “Is Social Media Hurting Your Mental Health?” constata que dichos síntomas se deben a las siguientes razones:

  1. El carrete destacado: este fenómeno trata sobre la tendencia de publicar una versión de la identidad a partir de los mejores momentos, de la exposición de logros y de la buena apariencia. Este detonante activa inmediatamente la inseguridad y la comparación con el carrete resaltado de todos los demás.
“A Touch of Smile”
Johnson Tsang, 2017

Mediante la obra “A Touch of Smile” de Johnson Tsang podemos apreciar claramente la metáfora visual. La sonrisa forzada, las poses automatizadas o la insinuada felicidad son resultados de las significaciones interiorizadas por la influencia social compartida: somos causantes y víctimas de identidades distorsionadas.

2. Aceptación social: la aceptación social funciona como la moneda de cambio que da validez a lo que es expuesto, en este caso a través de los likes, los comentarios y el sharing. ¿Alguna vez habéis eliminado una fotografía de vuestro perfil? ¿Lo hicisteis porque no representaba quién erais? ¿O quizás por un tema estético? ¿Sería por un comentario no deseado o por la ausencia de un deseado comentario? En la mayoría de los casos, la tendencia por borrar las publicaciones es debida al poco éxito que ha causado. Metafóricamente se equipararía a retirar los zapatos del escaparate al no ser vendidos.

3. Miedo a desactivarse: debido a la ansiedad que por ahora se está corroborando, muchas personas se replantean a menudo desactivar su propia cuenta eliminando su perfil y/o la aplicación. Sin embargo, está demostrado que muy pocas de ellas logran conseguirlo, pues prevalece el miedo a perder contactos, conexiones, oportunidades o eventos antes que enfrentarse al cambio.

4. Acoso y cotilleo online: Uno de los pilares principales en las redes sociales es la accesibilidad. El hecho de que las barreras de la privacidad estén tan sumamente diluidas potencia el poder del acceso inmediato a cualquier tipo de información de forma ilimitada. Por ello, no es coincidencia que el acoso o el cotilleo sea uno de los rasgos representativos de este fenómeno social. La inaccesibilidad genera malestar, ansiedad, pero sobretodo, curiosidad, ergo, más adicción. Me parece importante resaltar el uso común de aplicaciones que informan sobre las veces que ha sido visitado tu perfil, que marca qué personas te han dejado de seguir y que crea estadísticas sobre tus mejores momentos en las redes. ¿Estamos hablando de una reafirmación del éxito o de un control in extremis de nuestra actividad? ¿Qué pasaría si tradujéramos el acto silencioso e insinuado de visitar un perfil con una afirmación en voz alta cada vez que una de tus fotos ha sido visitada? La respuesta es simple: nadie sería capaz de reconocer la cantidad de información que tiene sobre ti.

El problema real reside en que la preocupación es posterior al evento, la concienciación no es difundida y la empatía no sirve nada más que para estimular sus imaginarios. ¿Es posible hacer algo al respecto?

La abstinencia no es una opción. En realidad, no podemos eliminar las redes sociales porque éstas no tienen la culpa. Visto desde la otra cara de la moneda, éstas son la herramienta actual que utilizamos para prolongar el legado de los millones de años de existencia humana: la comunicación, las historias. La cuestión esencial es darse cuenta de que la parte oscura de las redes sociales equivale a la parte oscura de las personas, la que hace que los acosadores sigan acosando, la que deja que la inseguridad se apodere de tus actos y la que nos hace compararnos negativamente en vez de simplemente diferenciarnos.

“Remembrance”
Johnson Tsang, 2018

De nuevo, la ilustrada expresividad que consigue otorgar Tsang a “Remembrance” nos evoca la verdadera identidad sepultada bajo la líquida máscara social. Para subvertir el títere, la ansiedad, la aceptación social y el desgaste emocional deben tomarse medidas.

Es cierto el que uso excesivo de las redes sociales tiende a dañar la salud mental, sin embargo, no tiene por qué hacerlo. Todo depende del enfoque que le queramos dar: está en nuestras manos reemplazar o reajustar la pieza del puzzle. Para empezar a darle un buen uso y utilizarlas de forma segura debemos centrarnos en aprender estrategias preventivas para evitar la recaída. He aquí cuatro pasos para usar de forma sana las redes sociales:

1. Reconocer el problema: leer este artículo ya enciende la alerta.

2. Controlar el uso, es decir, monitorizar nuestros impulsos y decisiones y cuestionarse si realmente nos hacen bien, si estamos felices y satisfechos con nuestros actos. Por ejemplo, ¿hacer esto realmente te está haciendo sentir mejor? O ¿Cuántas veces he caído en lo mismo? ¿Por qué estoy reaccionando así ante esta imagen o situación?

3. Crear una mejor experiencia online. No dejar que los perfiles de otrxs usuarixs te arruinen, no sirven para recordarte lo que tú no tienes sino para auto-promocionarse. Se recomienda también hacer una limpieza de seguidores para descartar posibles cuentas que puedan influenciar negativamente.

4. Modelar un buen comportamiento o actitud. Ante todo, hay que usar la herramienta como un soporte de expansión de conocimiento y de ocio sin ser perjudicial.

“Caged”
Johnson Tsang, 2018

El instante retratado en “Caged” (2017) nos invita a reflexionar sobre la identidad y nuestros principios. Como conclusión, acoger nuevas ideas es cuestión de valentía, de intención.  Es abrazar la posibilidad de cambio como un reto, aspirar a liberarse de la jaula de construcciones sociales y reinventar la propia identidad. Huir de los enredos sociales para crear nuestra propia red.

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