¿Autoría o apropiación?

Marta Fornés

Cuando hablamos del autor de una obra, normalmente siempre estamos haciendo referencia a la persona que firma el proyecto, pero, que solo veamos ese nombre quiere decir que esa sea la única persona autora de ello?

Mediante los siguientes referentes vamos a poner en cuestión el concepto de autoría, vamos a observar como se puede disolver el mito del artista individual, solitario y único creador de la obra. Para ello habrà que entender en qué consisten los procesos creativos y conocer el término de apropiación.

Como primer referente tenemos a Dieter Roth y Richard Hamilton con INTERFACES. Esta obra nació a partir del cuaderno de dibujo de Dieter, dónde empezó a aplicar todo tipo de materiales como lápiz, tinta, salami, mocos, restos de erizos de mar… Después, pasó las hojas a Hamilton para que las siguiera trabajando pero, él decidió encargar a un carpintero sesenta plafones de madera de la medida de las hojas para pintarlas de blanco y, allí, pegar las creaciones de Roth sobre las cuales siguió trabajando e hizo retratos humanos. Ambos se dieron cuenta de que algunas imágenes eran parecidas a sus autorretratos y por tanto, decidieron agruparlas en treinta parejas. Un poco más tarde, Roth propuso que se hicieran fotografías intentando parecerse al máximo a los cuadros. Hamilton filtró los negativos para conseguir que se parecieran lo máximo posible y, finalmente lo presentaron en formato de diversos trípticos los cuales permitían diversas combinaciones de ser vistos según si la parte izquierda o derecha quedaba abierta o cerrada.

Este es un claro ejemplo de doble autoría. La complicidad creativa de estas dos personas hace imposible la distinción de autoría entre ellas. Un trabajo colaborativo fruto de la fluidez del juego. Este surge durante el proceso, antes de empezar, los dos artistas no se sientan para hablar del proyecto que van a hacer ni el concepto que quieren tratar. Se permiten la libertad creativa el uno al otro y al final le dan una forma (más o menos convencional) con la que presentar a lo que han llegado mediante la colaboración mutua.

El segundo referente es Televisores intervenidos de Lenin Cumbe de Agustín Parejo School. Cabe decir que, Agustín Parejo School no es un grupo o colectivo con fecha de inicio y disolución como algunos otros que surgieron en la década de los ochenta en España, sino que se trataba de personas que se iban sumando a una experiencia vital, un experimento temporal que duró casi 15 años en los que fueron desarrollando una actividad que incidía de manera directa en el contexto social de su lugar de operaciones, la ciudad de Málaga. En 1992, el año que se conmemoraba la llegada de los españoles a América, Agustín Parejo School respondió inventándose un personaje ficticio. Un artista caribeño llamado Lenin Cumbe el cual replanteaba la lectura de Europa frente a los países del Sur mediante impresión offset sobre papel como pantallas de televisores. Además de esto y el texto de presentación/explicación de la obra, también incluyeron siete fragmentos de un diario simulando como alguien del colectivo APS conocía al personaje de Lenin, haciendo más creíble la existencia de este, tanto, que sólo unos pocos pudieron saber que no era real.

Con este referente podemos visualizar como se rompe el dispositivo de autoría. Primero porque al tratarse de un colectivo ya está haciendo que no aparezca el nombre verídico de las personas que han hecho la obra y, segundo y más importante, porque este colectivo inventa un personaje ficticio al cual hacen autor de la obra. ¿Cómo es posible que alguien que realmente no existe (o sí en cuanto a colectivo que lo crea) se le reconozca como autor de algo?

Como tercer referente tenemos a Pedro G. Romero con Proyecto Máquina P.H. Todas sus producciones se caracterizan por su puesta en escena radical y se agrupan todas bajo el nombre de Máquina P.H., un proyecto que le permite asumir la colaboración artística en espectáculos de flamenco distanciándose de su propia firma. Podemos concebir Máquina P.H. como una especie de dispositivo que proporciona un sistema para disolver la idea de autoría. Aquí vemos como el arte moderno está legitimado por la trayectoria del individuo y, aunque esté legitimado, el autor pasa a un segundo plano. El título del proyecto absorbe todo el protagonismo, tanto que éste no necesita la firma de su autor/creador sino que él es la propia firma.

Por otro lado, para hablar de autoría necesitamos también hablar de apropiación en tanto que, entendemos como autor de una obra alguien que tiene la propiedad de ésta. Sin cuestionar si es su creador o el papel que haya tenido en ésta, legítimamente le pertenece. Por ello, ser autor implica la apropiación de algo que, a su vez, permite denominarse como tal.

Desde este ámbito tenemos a Ally Mcginn, con su Research – Authorship, creation, originality, appropriation, authenticity and ownership, dónde habla sobre la apropiación como sinónimo de autoría, como un recurso legítimo entre artistas. Explica que él entiende este concepto como el arte de utilizar objetos o imágenes de terceros con (o sin) una pequeña modificación. Considera que en el ámbito de arte, apropiar es adaptar, tomar, reciclar o probar aspectos (o probar en su totalidad) de cultura visual hecha por el ser humano (aunque también puede ser por aspectos hechos por la naturaleza).  Se consigue recontextualizar el objeto o imagen, incluso si el artista sólo dice “esto (aquello que se está recontextualizando) es arte”.

Ally McGinn (2016) Kenneally. Artists rag with oil and acrylic. 134 x 91 cm.

En cambio, Michalis Pichler desde Statements on Approppriation, habla claramente sobre lo que él considera que supone la apropiación. Exactamente hizo seis declaraciones de una frase explicando en qué consiste la apropiación, con el propósito de mezclarlas en un contenedor con dieciocho declaraciones (de una frase también) extraídas de varias fuentes. Cada frase se imprimió en un papel separado de las demás para así, llevar a cabo una selección “ciega” de éstas. Las dieciocho declaraciones escogidas quedaron plasmadas en el mismo orden de la selección para formar las “declaraciones de la apropiación”, para una presentación. Qué mejor que hablar de la apropiación desde la misma.

Finalmente, podemos concluir con la certeza de que el concepto de autoría es entendido como la firma de la obra, como la persona que tiene en su propiedad esa obra pero, esto no difiere con que el autor sea el creador de ésta. En muchos casos, la obra no se concibe y ejecuta desde la misma y única persona pero, sin embargo, si que nos encontramos con que una sola persona es la autora de ésta. Hay que entender que no es necesario (ni seguramente posible) que una persona tenga las habilidades, conocimientos y herramientas para llevar solitariamente algo a cabo y, en el supuesto caso de que si lo hiciese, nunca se parte desde cero. El entorno en el que vives te influye aunque sea inconscientemente/involuntariamente. Así que no es posible hacer algo gestionado por una única persona pero, a la vez, debemos mirar la colaboración como un método de trabajo igualmente legítimo. No porque algo lo haya conseguido un colectivo/grupo merece menos admiración y, sobretodo, apreciación y consideración.

Los humanos somos seres colectivos y no individualistas, aunque la sociedad en la que vivimos sea esto lo que promueva. Por tanto, habría que promover el visualizar más estas colaboraciones y no encubrirlas mediante la firma de un único autor, a no ser que sea éste un propósito.

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